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jueves, 13 de abril de 2017

SOLEMNIDAD DEL JUEVES SANTO

    El Jueves Santo es uno de los días con más celebraciones litúrgicas y religioso-populares. Se conmemora la Última Cena de Jesús con sus discípulos. Cristo instituye  la Eucaristía y el sacramento del Orden Sacerdotal. Antes de comenzar la cena, se despojó de sus ropas, se ciñó una toalla y comenzó a lavar los pies de sus discípulos. Es una lección de entrega y humildad. Ya en la mesa, convierte el pan que reparte y el vino en su Cuerpo y en su Sangre.  De esta forma, instituye el sacramento de la Eucaristía, dándose como alimento. Entonces, dice a sus discípulos que uno de ellos le va a traicionar. Se producen momentos de desconcierto y una gran confusión hasta que Judas Iscariote abandona la sala. Entonces, les da las últimas instrucciones y les prepara para las nuevas tareas que les encomienda. Los primeros datos que conocemos de que el Jueves Santo se celebra la Misa en recuerdo de la Cena del Señor los tenemos por el Concilio de Cartago en el año 397 y por lo que cuenta Egeria, una peregrina que visitó Jerusalén y dejó escrito lo que allí se celebraba. La Eucaristía es memorial no tanto de la Última Cena, sino de la muerte de Cristo que es señor, y "señor de la muerte", es decir el Resucitado cuyo regreso nos ha prometido. En la liturgia de hoy hay alegría y la Iglesia rompe la  austeridad cuaresmal cantando el "Gloria": es la alegría por el amor de Dios, pero al mismo tiempo, es sobria y dolorida, por el precio que Cristo paga por nosotros.

martes, 22 de marzo de 2016

JUEVES SANTO

   
Nos disponemos a celebrar,  con gran solemnidad, la festividad del Jueves Santo. Los desfiles procesionales por nuestras calles tienen una amplia participación popular. Pueden considerarse como un anticipo de la Pascua. Reunido con sus apóstoles en una Última Cena, Jesús instituyó la Eucaristía, el sacramento del Cuerpo y la Sangre de Cristo bajo las especies de pan y vino. Tal es el amor que nos tiene que se queda con nosotros para guiarnos por el camino de la salvación. Todos estamos invitados a participar en la cena instituida por Jesús. En esta noche santa, Cristo nos deja su Cuerpo y su Sangre. Aceptemos este gran don con el firme compromiso de servir a nuestros hermanos. El evangelio de Juan que hoy vamos a escuchar y meditar nos narra el lavatorio de los pies. Jesús interrumpió la cena, se quitó el manto, se ciñó una toalla, echó agua en una palangana y se puso a lavar los pies de sus discípulos. Este hecho produjo sorpresa general, pues era una tarea propia de esclavos. Jesús nos da una lección que no somos capaces de entender. Éste es el mejor camino para  seguir a Jesús: vivir como servidores unos de otros.  Traicionado por Judas, uno de los doce, Jesús vive, conscientemente y de manera anticipada, su pasión y su muerte. En el Huerto de los Olivos, tendrá momentos de angustia difíciles de soportar, su soledad, su compromiso de cumplir la voluntad de Dios, su obediencia y su confianza en Él. Hoy iniciamos la fiesta de la "crisis pascual". Supone la lucha entre la muerte y la vida, que nunca fue absorbida por la muerte, pero sí combatida por ella. La noche del sábado de Gloria es el canto a la victoria, pero teñida de sangre y hoy es el himno a la lucha de quienes conseguimos la victoria porque nuestro arma es el amor.